CUANDO DE LIBROS ALBUM SE TRATA


(TEXTO EXTRAÍDO DE EDUCARED: PORTAL EDUCATIVO DEL ESTADO ARGENTINO)
UNA ENTREVISTA SIN DESPERDICIOS PARA QUE LEAN CON ATENCIÓN Y SAQUEN CONCLUSIONES…
Fanuel Hanán Díaz es un conocido crítico e investigador literario venezolano. Se licenció en Letras en la Universidad Católica Andrés Bello. Durante varios años trabajó en el Banco del Libro de Venezuela, como director del Departamento de Evaluación de Libros para Niños y Jóvenes, y como coordinador editorial de la revista Parapara. Fue dos veces becario de la Internationale Jugendbibliothek, en Munich (Alemania), donde investigó sobre libros antiguos para niños. El fruto de ese trabajo en parte está incluído en su libro "Leer y mirar el libro álbum: ¿un género en construcción?" (Grupo Editorial Norma, 2007). Ha dictado conferencias en diversos países de Latinoamérica, abordando temas afines a la literatura infantil y juvenil. Ha desarrollado talleres de lectura de imágenes tanto con niños como con maestros y bibliotecarios, focalizados especialmente en los libros álbum. Actualmente participa en diversos proyectos editoriales y actividades de capacitación docente que brinda a distancia el CERLALC. Hace pocas semanas visitó una vez más Buenos Aires. En diálogo con educ.ar habló sobre el estado de la cuestión de la producción editorial dirigida a niños y jóvenes, y acerca de los desafíos que esos nuevos libros traen para los lectores y los mediadores.
— En su libro “Leer y mirar el libro álbum” Usted ofrece un estudio de este nuevo género. ¿Qué significa ser un lector de libros álbum? ¿Qué implica leer imágenes, leer entre imágenes y entre líneas?
— El libro álbum impone un nuevo modelo de lector, más que un lector activo, este género exige un lector capaz de llenar una cantidad de intersticios con información que demanda una buena dosis de interpretación. Por eso, me parece que los libros álbum son inteligentes, retadores e impulsores de una dinámica más inquieta, es decir, que los lectores sean más agudos y comprometidos también en su proceso lector.
— Esta clase de libros donde necesitamos imágenes y texto para construir el sentido de las historias están inmersos en un contexto actual en el que los discursos audiovisuales tienen un fuerte predominio, ya sea a través del cine, la televisión, o incluso la computadora, particularmente en la vida de los niños nativos digitales. ¿Cómo afecta ese contexto en la lectura? ¿Hay investigaciones acerca de como la cultura de la imagen en la que están inmersos los chicos opera en la lectura de los libros álbum?
— En realidad cuando te refieres a una tribu de lectores, nativos del lenguaje del ciberespacio, de la fractalidad, de los multimedia te refieres a muchos niños contemporáneos, a un universo bastante amplio de lectores que tienen incorporada la imagen como parte de los códigos que tienen que descifrar permanentemente. Para estos lectores, navegar en los convencionalismos de la imagen no es difícil, ya que encuentran en esta gramática un lenguaje bastante natural y cercano a diferencia de otro grupo de lectores. Por eso, el libro álbum me parece un producto auténtico para este público, que se acomoda a una serie de destrezas y ritmos y que promueven puntos de contacto con otros productos culturales. Yo creo, sin embargo, que hay que buscar qué es lo que diferencia al libro álbum o qué es lo que debería diferenciarlo de esta cultura masiva e interconectada. La poesía, lo estético, la riqueza de significados y el uso inteligente de recursos son rasgos que pueden identificar a un libro álbum de calidad.
— Leer imágenes podría pensarse como una aptitud natural, y ya dada. Ahora bien, ¿en qué sentidos pueden trabajar los mediadores para aprender y enseñar a leer mejor esta clase de libros?
— Una apuesta segura para conquistar este género editorial es exponerse a su lectura, conocer estos libros, revisarlos, seguirles la pista. Los mediadores generalmente conforman un grupo generacional distanciado de la cultura de la imagen, no sólo en su nueva gramática, cada vez más compleja, sino también en los referentes. Hoy en día no se puede hablar de libro álbum sin reconocer la metaficción y la intertextualidad como principios creadores, lo que lleva indiscutiblemente a estudiar este fenómeno como una revolución en la industria editorial, en el diálogo de lenguajes y el concepto de lector que se impone. Creo que hay que dejar a un lado esa visión de que son solamente libros de imágenes atractivas, hay muchos paradigmas que están cambiando impulsados por el libro álbum.

— El libro álbum es un texto complejo de descifrar, que exige competencias en muchos lenguajes y muchas artes; la literatura, pero también la plástica, la escultura, el diseño, el cine, la música, etc. ¿Cómo darle instrumentos en su formación a los docentes, bibliotecarios, editores, libreros y mediadores en general para construir significados de forma rica y autónoma, que trascienda meramente el impacto visual a la hora de seleccionar libros para leer con los niños?

— Yo personalmente soy un gran cinéfilo, me gusta el cine, me encanta quedarme una tarde viendo películas.
El libro álbum se ha convertido en un producto de consumo que se mueve según reglas del mercado, y lo más importante parece ser que sea impactante para los adultos. Libros lujosamente editados, con ilustraciones y donde los textos pasan a un segundo plano, casi que no significan nada, solo son objetos bonitos visualmente. ¿Qué piensa sobre este nuevo fenómeno?

— Sí, hace unos meses estuve en una feria del libro importante y el fenómeno más curioso es que los libros álbumes de una editorial estaban en la sección de adultos. Ciertamente hay derivaciones de toda tendencia, una de ellas es que hay libros álbum muy eruditos que claramente están dirigidos a los adultos, otros que utilizan este formato para banalizar las historias y los textos se vuelven decorativos. Pienso que un libro álbum debe tener una gran fuerza, y aunque los textos puedan ser apenas unas líneas, deben ser lo suficientemente sugestivos como para generar capas de significados o pases de corriente con la imagen.
— Uno de los rasgos más innovadores del libro álbum es el destinatario que postula. Este género pone en crisis los supuestos sobre los que se fundamentan los criterios de clasificación por edades tan naturalizados en el campo de la literatura infantil y juvenil. ¿El destinatario infantil y juvenil sigue siendo el rasgo clave para hablar y definir a la literatura infantil y juvenil como un género?

— Esta pregunta me parece genial. Porque justamente uno de los aspectos por los que se define la literatura infantil es su destinatario. Pero pienso en este momento en aquellas novelas de aventura del siglo XVIII tan famosas en nuestro almacén de lecturas, que fueron tomadas como préstamo por los lectores y que nunca fueron, al menos pretendidamente, escritas para niños o jóvenes. Hay rasgos para definir esta literatura, yo creo que hay dos importantes, que son el discurso y el destinatario. Esto define un rango de temas y una forma de tratarlos, que son dos aspectos claves para reconocer la literatura infantil. Creo que siguen siendo válidos pero que el debate no está terminado. Se debe seguir explorando para crear zonas de reflexión que alimenten esta discusión en torno a la literatura infantil. Aunque en el fondo, no sé si lo importante sea definirla sino más bien explorarla.
— Usted ha trabajado en muchas publicaciones especializadas como crítico. ¿A quién cree que se dirige la reseña crítica de libros de literatura infantil?
— Sí, he escrito crítica literaria. Pero asumo siempre que es para un público restringido, no quiero decir que sea para un público especializado sino restringido. De por sí el trabajo de investigación es bastante solitario y poco respaldado. Sin embargo creo que la función del crítico y del investigador sigue siendo válida e iluminadora. Claro está, si se plantea desde la humildad pues no comparto el tono pedante de muchas reseñas ni tampoco el discurso hermético. Me gusta que la comunicación sea clara y sin pretensiones, me gusta que siempre las reseñas tengan un coqueteo con la poesía. Pienso que la reseña debe encantar, por eso evito los malabarismos. Quizás porque ya estoy un poco más viejo, mi estilo tiende hacia una poética de la sencillez. Creo que eso no demerita la lucidez de una reseña.

— Muchos medios de comunicación masiva están en manos de empresas multimedios que además editan libros. Sin embargo, las editoriales de literatura infantil y juvenil fijan su interés primordial en la escuela que es su principal y mayor cliente, y no tanto en los medios masivos para la difusión de estos libros. Les bastan sus equipos de promotores o vendedores que visitan en forma directa a los docentes y bibliotecarios en las escuelas. ¿Qué lugar entonces le cabe a la crítica?

— Con este tema yo tengo posiciones encontradas. Sí, es verdad que la escuela es el gran alimentador de las editoriales en todos los sentidos, de los planes lectores, de los fondos editoriales, de las estrategias que se proponen... Es lastimoso que existan tan pocas oportunidades fuera de la escuela para promocionar la literatura infantil y que pocas editoriales se atrevan a arriesgar en el fondo para dinamizar otros circuitos o apostar por libros extraños o poco comerciales. Eso también influye en la crítica, pues podría ser más controversial en función del universo de libros. Es una buena pregunta esa de plantearse no sólo cuál es la función de la crítica o para qué sirve, sino esencialmente si tiene sentido en un circuito donde se adquieren los libros por otros mecanismos y en un contexto donde existe poca exigencia para el reconocimiento. Pienso que son pocos los libros que realmente justifican los árboles que se cortan para lograr la pulpa del papel con que se fabrican, y que la velocidad y la generosidad con que se publica va mucho más rápido que el ritmo de consumo y apreciación de estos libros.
A veces añoro que existan pocos libros álbum entrañables, como Pequeño Azul y Pequeño Amarillo de Leo Leonni, Rosa Blanca, de Roberto Innocenti; El expreso polar, de Chris Van Allsburg o Gorila, de Anthony Browne.
— Entre tanto que se publica seguramente hay muchos libros que resultan realmente de baja calidad, construidos con procedimientos narrativos pobres, o ideológicamente cuestionables. ¿A qué razones cree que se debe la preeminencia -tanto en las revistas especializadas, como en los medios masivos- de la reseña positiva, por sobre las críticas negativas?

— No sé si realmente predominan las reseñas complacientes. Si eso ocurre estimo que se debe a una posición poco honesta, porque no necesariamente se debe ser agresivo o descarnado para señalar las debilidades de un libro o simplemente no recomendarlo.
— En el campo de la edición ¿qué aspectos le parece importante problematizar y continuar revisando?
— La tendencia a banalizar los textos es un rasgo que he observado en ciertos libros álbum. Los libros álbum no son libros de imágenes, son libros álbum. Por tanto, los textos deben ser tan prolijos y cuidados como las imágenes. Otro aspecto que debe mirarse con atención es el deseo del juego, que a veces arroja resultados pocos felices, libros álbum que coquetean con propuestas visuales y tipográficas, que intentan desmontar estructuras pero que al final no cuajan como propuesta. Y el último aspecto tiene que ver con las traducciones, lamentablemente se editan muchas traducciones que muchas veces están fuera del contexto latinoamericano, reproducen problemáticas, modos de vida, soluciones y usos del lenguaje que resultan distantes y en otros casos chocantes. Pienso que las editoriales, las secciones de IBBY y las instituciones deben estimular la producción de libros álbum originales.
— Si tuviera que recomendarnos dos títulos de libros álbum clásicos y otros dos títulos de libros álbum publicados en últimos años para compartir con los chicos, ¿cuáles elegiría y por qué?
— Casualmente acabo de señalar arriba dos clásicos y dos contemporáneos. Yo te diría que escogería El expreso Polar porque considero que es redondo y deja abierta esa posibilidad de creer en algo, es un libro que conmueve y que toca la fibra de la inocencia que todos tenemos.
Pienso en Pequeño Azul y Pequeño Amarillo porque habla de la amistad, es decir, un tema universal pero con una propuesta gráfica muy creativa, se sale del molde.
Rosa Blanca porque estremece, tiene fuerza y esos libros que tienen alma son auténticos.
Y Gorila porque habla de la incomunicación en unos términos que sólo puede exponer la protagonista. Pero, sobretodo, por la lectura de imágenes que propone muchas capas de significación, hay una destreza en el manejo de los códigos, de la simbología del color, de los indicios, en fin es muy moderno.



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Licenciada y profesora en Letras Modernas, egresada de la UNIVERSIDAD NACIONAL DE CÓRDOBA.ESPECIALISTA EN LITERATURA ARGENTINA. Especialista en Investigación Educativa. (ISP Joaquín V. González) Especialista en Litertura Infantil y Juvenil (CEPA) Actualemnte se encuentra cursando la Maestría en Análisis del Discurso (UBA) Publicó numerosos artículos y ensayos para diferentes sellos editoriales (Cántaro, Puerto de Palos, Paidos, revistas del ISPEI Sara Eccleston) En el 2012 su blog Entre el mouse y la tiza recibió el PRIMER PREMIO A LOS BLOGS EDUCATIVOS otorgado por la UNIVERSIDAD NACIONAL DE BUENOS AIRES (UBA) A raíz de ese premio fue convocada por distintos medios periodísticos. Durante 2013 el mismo blog resltó ser finalista de dicho concurso. En estos momentos se encuentra abocada a la investigación y la escritura de un ensayo en colaboración con la Lic. Cristina Olliana.

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